En estas fechas es recurrente escuchar a diversos profesores hablar sobre el SIMCE. Comienzan los cuestionamientos a los alumnos, "que van a responder mal", "que no tienen la capacidad para resolver ejercicios y problemas planteados", "que en la casa no les ayudan", que si estuvieran en el sistema subvencionado sería distinto y que ahí sí que podrían exigirles resultados porque hay condiciones dignas para trabajar, etcétera.
Recuerdo que en la universidad donde estudié nos formaban a todos por igual. No había diferencias en formar un profesor para la educación pública, subvencionada o particular, por lo que yo salí convencido de que nos podíamos desenvolver en cualquier medio o estrato social y que debíamos ser capaces de desarrollar capacidades y habilidades en cualquier tipo de niño...
Al egresar opté por trabajar en un medio vulnerable donde efectivamente faltan muchos recursos y las condiciones son mínimas, lo que puede llevar a disminuir nuestro esfuerzo y trabajo diario, pero está el recurso más importante, la materia prima: los niños. Niños que con motivación sí son capaces de obtener niveles de logro acordes a una buena educación.
En dicha escuela, en los consejos normalmente se escuchaba decir "no te amargues si ellos ya no aprendieron", "baja la escala para que no te cuestionen", "corazón de piedra, cabrito" y muchas otras cosas que en vez de desanimarme me dieron más ánimo para demostrarles a todos que sí se pueden lograr cosas.
A partir de ese momento, nos propusimos con mis alumnos, apoderados y una colega (que en ese momento desempeñaba el cargo de UTP) subir el SIMCE. Demostrarles a todos que sí se puede obterner logros.
Muchas veces fui cuestionado y tratado de iluso por insistir en que había que creer en los alumnos. En creer que la clave estaba en la conexión que se podía lograr con ellos. En cómo sus propias experiencias en la cotidianeidad eran llevadas a la clase. Ese feeling permitió que los alumnos se atrevieran a analizar,cuestionar, opinar, reflexionar y criticar. Estas conductas reafirmaban mi convicción de que se podía volcar la historia y de que la estrategia era contraria a la que plantea lo tradicional que es invadir a los alumnos con pruebas y ensayos todos los días y asustarlos con que serán con nota los famosos ensayos.
Pasó el tiempo y llegamos al día de conocer los resultados del SIMCE. Tuve la grata sorpresa de que mis alumnos fueron capaces de subir el puntaje del establecimiento, después de veinte años, lo que demuestra que se pueden lograr metas a pesar de las dificultades que se presentan como la vulnerabilidad o el nivel sociocultural.
Por esto es que resulta primordial que los profesores materialicen su auténtica vocación en el más complejo y más importante oficio y creer en que los alumnos son capaces y no estar siempre con los típicos reclamos de que no hay material o no están las condiciones adecuadas, al final el que quiere puede y hasta con el más mínimo material podemos sacar provecho.
Hay muchas formas de poder mejorar nuestras prácticas, es cosa de que nos atrevamos, que demos el paso. Hay que recordar que mientras seamos capaces de desentrañar los contenidos, de darle el espacio a los alumnos para la participación la educación será digna y de calidad.
Sigo trabajando en el sistema municipal y de estrato bajo y voy perfeccionándome constantemente con el fin de dar a mis alumnos una educación de calidad y no de mediocridad como muchas veces se confude el trabajo en la educación municipal (avalada por el estatuto docente).
Tengo fe en los alumnos. Ánimo, profesores. Arriba los corazones, maestros. Se puede lograr mejorar la educación, no es imposible. Ustedes pueden... todos podemos... otra educación es posible.







Estimado Gonzalo
Personalmente no creo que la obtención de logros educativos pase por tener buenos resultados en el simce.
Tenemos muchos casos en escuelas donde llenan a los estudiantes de "guias" y los preparan todo el año para obtener un buen "puntaje".
Eso para mí, no es educación de calidad.
Gracias por tu artículo.
Saludos.